El Carro
Con las primeras luces del dia mi cuerpo empieza a desencajarse del hueco que hice durante las vueltas que peguė en la noche. No pude dormir. El horno angosto en el que vivo hace duras las madrugadas de julio.
Me levanto despegándome del colchón y con pocas ganas de empezar el lunes. Es el momento de sacar una carta del mazo de Waite y despertar una luz que me guíe en la semana. Es mi combustible secreto para no volverme loca a parte de mi dosis diaria de lamotrigina y olanzapina pautada desde hace más de diez años.
Me parece increíble que con los años el tiempo pase cada vez más deprisa. ¿Es posible que las líneas de las manos cambian de tamaño ? La de la vida creo que está menguando.
Él me dijo que veía una larga vida para mi. Claro que también me dijo que estaría conmigo toda la vida y ahora no sé nada de él.
Solo ha pasado un mes del último mensaje que dejó en visto y siento que pasó toda una vida desde nuestra última comida juntos. Ahora me encuentro en medio de está ciudad que elegí con la ilusión de un futuro compartido. Voy sin veleta,solo El Carro me acompaña . Este me invita a continuar,a tener fuerza de voluntad, me anuncia que habrá éxito y quizás otro viaje.
Sintiendo este movimiento interno, acabo de saborear mi café con ese aroma que me sigue hasta el altar de mi mesita de noche para dejar la carta. Es hora de empezar el lunes.